¿Fueron justas y creíbles las elecciones de EEUU?

Siguen cayendo máscaras y disfraces en todos los teatros políticos: en el nacional y en el global. 

En el plano interno, cada día queda más en evidencia que quienes se dicen alternativa política y aseguran estar preocupados por los pobres, son capaces de robar hasta a los niños enfermos y usar el dinero para actividades violentas y para su beneficio personal. 

En el plano global, el imperio estadounidense ha aparecido no solo sin máscara ni disfraz, sino sin ropaje alguno, como lo que es: una plutocracia que finge ser la democracia más avanzada del mundo.

Las pugnas por la presidencia estadounidense mostraron a la superpotencia en su estado decadente, con un sistema electoral atrasado, racista, clasista, subestimador del pueblo, y unas élites partidistas corruptas, sometidas al dominio de las corporaciones. 

El relato de lo ocurrido alrededor de las elecciones es prueba de las tremendas hipocresías en las que vive inmerso el sistema capitalista hegemónico. Una nación que pretende ser la albacea mundial de los procesos electorales y a lo interno tiene un sistema de votación de segundo grado, que no cumple, ni de lejos, con los requisitos que pretende exigirle a las demás naciones, especialmente a las del sur. Sus elecciones no fueron ni justas ni mucho menos creíbles.

Quedó en evidencia que los demás actores mantienen en vigor la farsa. Los otros gobiernos (los de la Unión Europea y el Grupo de Lima, por ejemplo), siempre tan prestos a opinar y criticar a países como Venezuela, guardan silencio cómplice ante los desafueros cometidos en EEUU.

Los organismos internacionales (la OEA como gran exponente), capaces de cuestionar y desconocer una victoria aplastante, como la de Evo Morales en 2019, se quedan mudos frente al poder de quienes son, en rigor, sus jefes políticos. O, peor aún, salen a escena a defender lo indefendible.

Y, como suele ocurrir, los medios de comunicación también participan de la operación para tratar de encubrir las vergüenzas de la carcomida estructura política estadounidense. Los periodistas, analistas e influencers de la maquinaria mediática presencian manifestaciones de intimidación violenta contra los votantes, como la presencia de fanáticos con armas de guerra en los centros electorales y dicen que es «una peculiaridad muy idiosincrática» de EEUU. Y son los mismos personajes que dan alaridos contra los Puntos Rojos venezolanos, bajo el alegato de que impiden la libre expresión de la voluntad del electorado.

La próxima vez que monten su teatro de transparencia electoral, que nadie olvide de las máscaras caídas en este inicio de noviembre de 2020.

Clodovaldo Hernández / clodoher@gmail.com

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