Arte y rebeldía originarios de Nuestramérica

Esta constelación guía nuestro quehacer cultural de pueblos indígenas

En el valle del Warairarepano, Caracas, durante el mes de mayo, en la bóveda celeste, podemos vislumbrar la constelación: La Cruz del Sur. Cuyo eje mayor apunta con exactitud al Polo Sur Celeste y al Sur Terrestre. O sea, ¡al sur, sur! Un jueves del año 1974, tempranito, comenzando el día, junto al equipo técnico, hicimos acto de presencia en la casa-taller de nuestro Maestro César Rengifo. Estábamos filmando un documental producido por el Teatro El Triángulo, bajo dirección colectiva de Pedro Riera, Juan Plaza y quien escribe; el tema del film era recabar el testimonio del artista plástico, periodista, político revolucionario y padre de la dramaturgia moderna venezolana. Al respecto puedo decir que Rengifo era uno de esos seres telúricos, con una sabiduría atesorada por la investigación, el permanente estudio y la práctica social, reflexionada a la luz del pensamiento crítico, virtudes que lo proyectan como un intelectual orgánico.

Luego de la filmación realizamos con nuestro Maestro el balance de la jornada. César nos conversaba de la entrada de las lluvias en mayo florido y de la Cruz de Mayo, festividad celebrada por los venezolanos. En el campo, nuestros campesinos y campesinas con su sapiencia observan cuidadosamente los cielos de la patria para leer sus ciclos y aprovecharlos en la agricultura, práctica cultural de origen ancestral que se remonta a la época agro-alfarera, la Revolución Cerámica, que se produjo en lo que hoy es Venezuela, durante el llamado Período Neoindio.

César agrega a su comentario que en mayo, cuando aparecen las cuatro estrellas de la Cruz del Sur en el firmamento, marcan el comienzo de las lluvias, momento preciso de la siembra del maíz, para recoger la cosecha entre agosto y septiembre.

Nuestra Cruz de Mayo, tiene relación con la constelación Cruz del Sur, la cual es visible, en región tropical, en los meses de abril a junio. Nuestros ancestros Arawuak y Caribe, grandes navegantes, se guiaron por ella en sus viajes por las islas antillanas. ¡Ah¡ pero también en las culturas originarias de la América del Sur, esta constelación la asocian los Mapuche, de Chile, con la huella del choike o ñandú (avestruz), animal sagrado.

En la Patagonia, Argentina, el pueblo originario patagonés lo asocia con la Vía Láctea como un gran campo de cacería de ñandús que eran perseguidos por cazadores, representados por estrellas, que le arrojaban sus boleadoras… este pueblo creía que el avestruz tenía su hogar en la “nidada del ñandú”, que corresponde al asterismo conocido como las “siete cabritas”: las pléyades. Luego de esta magistral clase sobre astronomía, mitología y cultura, el Maestro cierra su intervención señalando que el navegante portugués Fernando de Magallanes fue quien denominó Cruz del Sur a esta constelación, la llamó: “Cruz do Sul”, luego de su viaje a las tierras australes durante el año 1505.

César, siempre nos transmitió su testimonio de vida, en forma sencilla y didáctica, haciendo énfasis en el origen de sus meditaciones y prácticas, señalando sus diversas etapas creativas y su necesidad de perfilar una estética consecuente con su pensamiento marxista, de allí que nos planteó su periplo recorrido, luego de definirse como un artista con arraigo profundamente latinoamericano y caribeño, señaló que: “…me propuse buscar las raíces nacionales y darle una coherencia, una continuidad a esas raíces proyectándolas un poco en mi pintura. Entonces, me di a estudiar nuestras formas prehispánicas, en la cerámica sobre todo. Luego estudié a los pintores de la colonia, a Landaeta y posteriormente a (Juan) Lovera sobre todo, a quien considero el iniciador, la célula inicial de la pintura venezolana.

En Lovera se da ya, tanto desde el punto de vista plástico, como desde el punto de vista ideológico la raíz de la pintura venezolana”.

En las cerámicas mapuches quedan representadas las mujeres embarazadas

Esta afirmación de Rengifo nos lleva a sumergirnos en las aguas siempre vivas, a las raíces de nuestras culturas ancestrales. Entonces, tenemos que en los actuales pueblos granamericanos y caribeños, están presentes desde nuestros orígenes, nutridos con los aportes humanos de la abuela África, y Europea, aspectos que nos signan como seres cósmicos. En el oficio cerámico de los Pueblos Originarios y sus descendientes criollos podemos apreciar las prácticas que toman muy en cuenta las fases lunares para la extracción y recolección de las arcillas, y las quemas; actividades que solo se realizan cuando la luna está en fase menguante. La simbología cósmica está presente en los motivos decorativos, es el caso de la amûchi, cerámica, La GuajiraVenezuela, por ejemplo: la Cruz del Sur está representada por el kaana (dibujo-diseño) Nûpûna wayuu outushii, constelación del “camino de los wayúu muertos”, espíritus en el infinito hacia la Vía Láctea.

De La Guajira venezolana nos trasladamos a la Araucana, Chile, tierra del héroe, toqui de toquis (jefe de jefes) Caupolicán, de Galvarino y de Janeco, la valerosa mujer mapuche que reorganizó las fuerzas combatientes que antes dirigiera su esposo Potaen, asesinado por los invasores españoles. El investigador ceramista Sergio San Martín, chileno, señala que la cerámica arqueológica más antigua en su país, tiene una data de 600 años D.C. Él junto a su esposa se ha dedicado a la reproducción de las piezas cerámicas de origen ancestral, nos dice: “Nuestras manos reproducen obras de un pueblo cuya cultura aun espera el reconocimiento de la historia. (…) Hay cerámicas mapuches que representan mujeres embarazadas, madres representadas por patitas (quetro) que tienen un trabajo humilde y sencillo, me entrega ternura y mucho amor…”.

La poeta y pedagoga chilena, Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, 1945, en prosa que transmite emociones, escribe en 1934 un artículo: “Alabanzas a las Artesanías”, “…alabanzas a las artesanías criollas y araucanas, a los muñecos de barro que venden en la Feria de Chillán (…) Las figuritas están hechas en un barro que vuelven de negro entrañable y que es tan bello como el blanco por su antojo absoluto. (…) Esos alfareros, esos amasadores, esos imagineros, tienen presente cuanto contornean y soban las primeras formas de este mundo, antes de que se Hincaran en tipos, las balanceaban entre dos o tres intenciones muy a su gusto de no decidirse y no acabar de ser lo que ya iban a ser”.

Otro poeta, Pablo Neruda, también Premio Nobel de Literatura, en 1971, nos regala este poema: “Alfarería. Torpe paloma, alcancía de greda,/ en tu lomo de luto un signo, apenas/ algo que te descifra. Pueblo mío,/ ¿cómo con tus dolores a la espalda,/ apaleado y rendido, cómo fuiste/ acumulando ciencia deshojada?/ Prodigio negro, mágica materia/ elevada a la luz por dedos ciegos,/mínima estatua en que lo más secreto/ de la tierra nos abre sus idiomas,/ cántaro de Ponaire en cuyo beso/ tierra y piel se congregan, infinitas/ formas del barro, luz de las vasijas,/ la forma de una mano que fue mía,/ el paso de una sombra que me llama,/ sois reunión de sueños escondidos,/ cerámica, paloma indestructible”.

De regreso a los recuerdos, a vuelo de mente rememoro la vez que César Rengifo, citó en a su casa-taller a un grupo de sus camaradas y por supuesto a la muchachada, para leernos la versión final de su obra teatral: Volcanes sobre el Mapocho (1974), cuya acción transcurre en una pequeña Escuela Básica de la población del Barrio San Miguel, en Santiago de Chile, la mañana del 11 de septiembre de 1973, fecha del golpe de Estado contra el presidente constitucional Salvador Allende, planificado y orquestado por Richard Nixon, presidente de los EEUU y Henry Kissinger su secretario de Estado. Ejecutado por el traidor fascista ministro de la defensa, general Augusto Pinochet… el drama teatral escrito por César termina con la escena donde un obrero, una profesora y un joven estudiante se enfrentan a las hordas militares fascistas… el estudiante recita a gritos: “Oh valientes Araucanos agora es tiempo: mirad que es bien la libertad y que hoy está en vuestras manos…”.

El autor da sus indicaciones para culminar esta escena: “Los disparos desde afuera se intensifican, mientras a lo lejos vuelve a oírse el Himno de Chile correado por los niños…Nuevamente por el reproductor, al cual el obrero acciona rápidamente, se eleva la voz de Allende. Los disparos de parte y parte se intensifican. El obrero, la profesora y Acevedo (estudiante) retroceden accionando siempre sus armas, mientras se cierra lentamente el telón. FIN DE LA OBRA”… ¡Verga! el silencio allanó el sitio donde nos encontrábamos, cada uno de los presentes, seguramente en base a su experiencia de vida continuó la narrativa mentalmente. Solo César Rengifo como Maestro de escena afirmó a viva voz, haciéndonos recordar las gestas de Carabobo, Junín y Ayacucho: “…basta que queden pequeñas raíces, pequeñas simientes de ese pueblo enterradas con sus propias esencias, en sus sumos, para que se despierte y vuelva nuevamente a ejercer la acción de su pensamiento y de sus ideales”.

Jesús Mujica Rojas / Caracas

Fotos: Archivo

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